¿Qué es el sexo normal?

Todo el mundo quiere saberlo. Buscamos en la web, miramos pornografía, leemos libros de autoayuda y escuchamos podcasts. Si somos atrevidos, le preguntamos a nuestro mejor amigo.

Casi todos quieren saber cómo es el sexo para otras personas. O, para decirlo de otra manera, ¿qué es sexualmente “normal”? ¿Con qué frecuencia, cuántos minutos, cuántos orgasmos, cuántas parejas, cuántos, dónde, cuándo? ¿Y cómo? Incluso, las profesionales de locales como Felina Valencia suelen recibir cantidad de preguntar acerca de otros clientes.

¿Por qué? Porque la gente inevitablemente usa la información de maneras terriblemente inútiles. Tanto los hombres como las mujeres quieren compararse con los demás y juzgarse a sí mismos: “Soy / somos como otras personas, por lo que estoy / estamos bien”. Y si no es así, “no soy normal”.

Errores. Si una vida sexual funciona, está bien. Si no lo hace, no. Lo que otros hacen es irrelevante. Y lo que es “normal” es aquello que te funciona a ti, de manera particular.

Después de cinco o seis meses juntas, dos personas siempre conocen sus preferencias en cuanto a comida, música, películas, estilo de conducir… Pero no siempre en el sexo. Muchas personas dudan en decir cosas tales como “Me gusta llegar al clímax desde el sexo oral más que desde el coito”, “más suave”, “más duro”, o dudan en preguntar algo tan sencillo como: “¿te gusta así?”.

Imagina tener que cocinar para alguien sin saber si es celíaco, vegano, si tiene alergia a los frutos secos… ¡Pues esto es lo mismo! Es muy importante saber qué le gusta a la otra persona, así como qué necesidades tiene. Y si le gusta que le azoten en el trasero, que le muerdan la oreja, que te pongas una minifalda de cuero rojo… ¿Por qué eso no iba a ser “normal”, si es lo que le funciona? Las fantasías sexuales y los fetiches deberían ser libres, siempre que no haya nadie obligado a cumplirlas.

Así pues, el mejor consejo que te podamos dar es que disfrutes del sexo libremente como te gusta. Eso es lo normal.

La revolución sexual y el cambio de mentalidad en la sociedad

La revolución sexual que tuvo lugar en los años 60 y 70 abrió la puerta a una nueva sociedad y a una nueva mentalidad. Aunque no es un estilo de vida aceptado para la mayoría de las religiones, no se detiene la tendencia de volverse más popular. El sexo casual se define como tener relaciones sexuales con una o varias parejas sin apego emocional. El propósito se basa puramente en la satisfacción física sin ir más allá.

Glamour Magazine realizó recientemente una encuesta de 2000 mujeres y sus experiencias sexuales ocasionales. Estas mujeres van desde los 18 hasta los 64 años. Solo el 19% de éstas lamenta que sucedió y la mayoría de las mujeres encontraron a sus parejas en lugares familiares.

De acuerdo con un estudio realizado sobre Spring Break en Florida y 680 estudiantes universitarios de Canadá que fueron allí, se concluyó que los festivales son un entorno amplio y cómodo para el sexo casual. Los estudiantes estuvieron de acuerdo en que se sentían mucho más a gusto en este tipo de actividades que en casa.

Actualmente, la mayoría de los estudios se llevan a cabo en este campo. Numerosos expertos culpan al movimiento sexual casual por la pubertad que se alcanzó mucho antes y al aumento de la actividad sexual en adolescentes. Sin embargo, se han popularizado las profesiones relacionadas con el sexo, desde la industria pornográfica a la entrega del cuerpo por placer, como hace esta famosa casa de escorts lujo Barcelona.

Debido a su desarrollo tardío, las religiones son vagas sobre las pautas y realmente no dan una visión clara sobre el tema. Muy pocas religiones, salvo la religión Wicca, promueven una vida sexual saludable y variada. En general, la mayoría de las religiones condenan o menosprecian dicho comportamiento.

No todos los países han crecido en la revolución, y las reglas que la rodean dependen principalmente de la religión y la cultura. Aunque mucha gente todavía tiene relaciones sexuales, no se puede negar la influencia que tiene en el mundo actual. Aquí está la lista de las 10 mejores ciudades del mundo que tienen el sexo más informal.

Cómo mostrar el sexo en la época del #MeToo

Estamos seguros de que eres un caballero de los que trata como las reinas que son a las lumis Valencia. Sin embargo, la cultura nos ha dado a través de las escenas de sexo en el cine unas muy malas lecciones de machismo que han calado en toda la población, hombres y mujeres, y que han afianzado y perpetuado las bases de los roles de género y de unas relaciones abusivas.

La periodista Jess Joho, del portal estadounidense “Mashable”, explica lo común que es que en una audición para el papel de un personaje masculino se le exija a una actriz arrodillarse para realizar una felación a un hombre. Y peor aún, que esa escena sea la introducción del personaje femenino en la película.

Muchas actrices habrán pasado por el aro, y otras tantas habrán dejado la audición sintiéndose avergonzadas. Sin embargo, Joho habla de un caso en el que la actriz se quejó delante de todos los hombres que la observaban. Al parecer, hizo saber a una habitación llena de hombres poderosos de Hollywood que no iba a aceptar el papel de un personaje que es presentado a la audiencia de rodillas. Y lo más inusual: dichos hombres estuvieron de acuerdo con ella y prometieron cambiar la escena.

El texto de Joho hace referencia a una actriz que explicó su historia a Michelle Ashford, creadora de Masters of Sex. En plena época del #MeToo, cargada de reivindicaciones feministas, estas escenas son impermisibles.

Para reducir (e idealmente, eliminar) la carga machista del sexo en el cine, es necesario facilitar acceso a colectivos oprimidos a los puestos de creación y dirección. Necesitamos nuevas historias, nuevos puntos de vista, que se alejen de aquellos cargados de machismo. Y los directores, productores, guionistas, etc., poderosos hombres blancos y, en su mayoría, heterosexuales, necesitan revisionar su manera de contar historias.

Escenas de violación en televisión y cine

En su momento, determinadas escenas de la serie Juego de Tronos dieron mucho de qué hablar por contar con violaciones en pantalla. Algunas de ellas, de hecho, ni siquiera tenían la justificación de aparecer en los libros.

Sin embargo, el caso más cruel lo encontramos en la famosa película “Último tango en París”, de Bernardo Bertolucci, y protagonizado por Marlon Brando y Maria Schneider. La famosa escena en la que el actor utiliza mantequilla como lubricante para sodomizar a la joven actriz, que contaba con tan sólo 19 años -mientras que él tenía 48, fue real. Al parecer, ambos hablaron sobre la escena y sobre la necesidad de mostrar una humillación real, y no fingida, en pantalla.

Hace algunos años, Bertolucci reconoció lo sucedido, y aunque le parecía horrible, también dijo que no se arrepentía de ello. Ni él ni Brando pidieron perdón nunca a la actriz, que murió en el 2011 y que, después de rodar aquella película, nunca volvió a cocinar con mantequilla ni a desnudarse delante de una cámara. De hecho, después de filmar el largometraje, entró en una espiral de autodestrucción, con intentos de suicidio, adicción a las drogas y entradas y salidas en centros psiquiátricos.

Ella ya había contado la historia en anteriores ocasiones, pero nadie quiso escucharla o hacerse eco de ello hasta los años anteriores al #MeToo.